sábado, marzo 31, 2007

Ramírez EZLN

Queriendo sacudir un hormigueo que se le había asentado en el trasero hace ya un par de años, Ramírez resolvió tomar una decisión espontánea. Como quien cambia de lado la raya en su peinado, Ramírez vendió su casa y su madre y partió hacia Mexico, donde se alistaría en el flamante ejército Zappatista. Frank a muerto, pero su ejercito de gente aplicadamente ridícula sigue vivo, y a liberar se ha dicho. Y con esta idea en la cabeza se encaminó hacia Ezeiza con el Grand Wazoo bajo el brazo.

Las primeras semanas en tierras aztecas fueron geniales, un nuevo mundo se le abría ante los ojos, el aire de las montañas, el tequila y los frijoles. Los muchachos lo trataban con respeto y cierta admiración. Pero poco a poco se fue dando cuenta que a sus nuevos amigos encapuchados poco les importaba el jazz ni ningún estilo musical en particular. También le comenzó a parecer extraña su afición por las armas de fuego y su singular apego hacía los pasamontañas. Claro que se encontraban el las montañas, pero tampoco la pavada.
De todas formas la llegada de un Argentino que defendiera la causa Zappatista, fuera cual fuera, les caía simpática y comenzaron a llamarlo Che esto y Che lo otro. Pronto Ramirez fue trepando dentro de la micro-esfera social Zappatista hasta adquirir el status suficiente como para ir a ver al líder, el hombre de la buena pipa, un tal Marcos.
Para la ocasión, su fiel compañero de cueva le había preparado un té sagrado de peyote que lo pondría en contacto consigo mismo y con el universo, de tal manera de estar a la altura de semejante presencia. Lo bebió gustosamente de un saque y comenzó la escalada hacía la cueva del subcomandante, que se encontraba en la cima de la montaña. Había amanecido hace pocos minutos y el cielo parecía manchado con jugo de naranja. Lentamente Ramirez fue subiendo por el camino hecho de de caparazones de tortugas indias zigzagueando por entre árboles repletos de melones y sandías.
El sonido de las trompetas sonaba atravesando el cielo y aquella grande y jugosa naranja que se había acomodado sobre el horizonte le dio la bienvenida con una sonrisa y un dolor en los ojos. Llegó frente al palacio del subcomandante, que lo esperaba con los portones abiertos, y se metió cautelosamente. Tardo unos segundos en acostumbrase a la escasez de luz pero finalmente lo vio, encapuchado y fumando su pipa, sentado sobre un hongo de dos metros. Fue hasta él y lo saludó con una inclinación de la cabeza, su majestad lo invitó a sentarse sobre un hongo a su lado. Luego lo convidó con una pipa y fumaron largo rato sin hablarse, meramente escuchando la música de las trompetas celestiales. Habiendo acabado el concierto el subcomandante le dijo con una voz profunda que había llegado el momento de que se mirasen las caras, con lo cual pasó a retirarse el pasamontañas, y descubrir el bigotudo y narigón rostro de Frank Zappa.
A Ramírez se le atolondraron los ojos y Frank se largó a reír ruidosamente sacudiendo su melena de león. Pero apenas Ramírez se le unió con su propia carcajada, Frank se puso serio y le paso a explicar su sonoro plan. Este se basaría en una revolución musical que atacaría ya no solo a los oídos del mundo pero a sus narices también. Infiltrándose dentro del cerebro por todos los frentes, derrocando así, lo que él llamaba, el conformismo pancreo-cultural símil lagartija que había llovido sobre las masas durante siglos inundando sus órganos sensoriales hasta rebalsar de comodidad.
Claro que mentes sencillas como las nuestras no están preparadas para comprender semejantes genialidades. De todas formas la gente aplicadamente ridícula se había reunido, formando el Ejercito Zappatista por la Liberación Nasal, y la última pieza de la maquinaria revolucionaria había sido encontrada, el sub subcomandante Che Ramírez, a sus órdenes.

2 comentarios:

jaqueca comunal dijo...

al principio no caía. muy divertido


igual, Zappa ya lo dijo todo con cantaloupe island. no hizo ni falta ponerle letra.

2046 dijo...

Qué delirante. (Risas)
Veamos: Ramírez llegó a la médula de sus sueños dorados mezclados con no sé qué coordenadas alucinatorias

Según eso, Frank Zappa...
¡Oh, es que no cabe los raciocinios!

:) gran salute.