miércoles, noviembre 30, 2005

Josephine II

Al otro dia Josephine K soñó lo siguiente:
Ella y el diablo caminando uno al lado del otro. Es de noche y se dirigen a la encrucijada. La luna los alumbra casi sin ganas. Andan hundiendo sus pies en los charcos lodosos pero continúan sin importarles. La mirada adormecida. La mente ausente, talvez allá, en la encrucijada. K siente un fuego que le crece por dentro, llamarada tras llamarada, avivado por penas que creía ya haber olvidado. El le agarra la mano con ternura y juntos comienzan a silbar. Primero suavemente y luego a todo pulmón. Ya casi están ahí. Vuelven a callar. K sonríe de oreja a oreja. No esta segura si lo que busca es una salida o una entrada. Cuando no sabes adonde te diriges cualquier camino te llevará. Faltan apenas unos metros, el se detiene y la deja seguir sola. La acompaña con la mirada, una mirada tibia que rebalsa de esperanza. Un par de pasos más. El silencio se instala, absoluto. La luna se esconde.
Despertó.

viernes, noviembre 25, 2005

Josephine

Josephine K soñó lo siguiente:
El día nacía con la luz del sol, ella salió de su casa vistiendo sus pijamas con patitos verdes y se puso a andar. Andaba sin sentir la fricción de sus pies descalzos sobre el asfalto, como empujada por la brisa matutina. Recorrió un par de cuadras en este estado hasta que se cruzó con una vieja chiquita y arrugada que parecía haber salido de un canasto de frutas secas. K se le acercó pidiendo una dirección desconocida, la vieja respondió quitándose el suéter y entregándoselo como regalo. Ella lo tomó sin asombro y decidió probarselo. Se lo pasó por encima de la cabeza y con alguna dificultad buscó las mangas por donde pasar los brazos mientras sentía el picazón producido por la lana. Por último, saliendo de la oscuridad, asomó la cabeza por el cuello del suéter y se encontró desnuda en una playa de arenas blancas. Hundió sus pies en la arena tibia. Fijó la mirada sobre el horizonte donde divisó una isla verde a un par de kilómetros, se mecía suavemente sobre el mar oscuro como un sorete a la deriva. Tomando impulso corrió hacia la orilla y se lanzó al agua. Apenas dado un par de brazadas ya se estaba levantando en la orilla de enfrente. La playa rodeaba un bosque frondoso como un anillo a un dedo. El cielo se volvió violeta. Una música extraña provenía de entre los árboles. K se adelanto cautelosamente. Un hombre flaco y alto de pelos largos atravesó el muro natural que formaba el bosque y se puso a tocar una flauta. Permanecieron así un rato largo mirándose. Luego K le pregunto quien era, el bajo su instrumento y le respondió. Dame tu amor, vamos al bosque nena. La brisa la volvía a empujar. Despertó.

viernes, noviembre 18, 2005

jueves, noviembre 10, 2005

Guiños Para Todos

9 de Noviembre de 1994, 3:00 PM

Plaza San Martín- Fernandito Travaglini apura su triciclo rojo y se lanza barranca abajo a toda velocidad. El viento lo golpea de frente, le entra por las mangas de la remera y lo infla de alegría. La adrenalina recorre su cuerpo, cierra los ojos y se imagina surcando los aires como un águila de alas negras. Tres horas mas tarde despierta en una cama del hospital Perez Campano con una pierna rota, el hombro derecho fisurado y una paleta menos. No puede esperar hasta hacerlo otra vez.

Café Campani, Av. Corrientes 1358- Maria Balompié levanta delicadamente su taza de capuccino con su pulgar y dedo índice y la lleva hasta sus labios. Aunque Maria está sentada en este café su mente está en otro lugar lejano y sus ojos lo demuestran. Recuerda una época en que fue moza y fue libre de verdad, recuerda tomar el ascensor a la mañana sin temor a que se caiga. Ahora siente un miedo arrasador cada vez que debe subir en uno. Lucha contra la idea de que todo tiempo pasado fue mejor y deja caer una lágrima sobre el mantel. ¿Que será del Capitán? Una voz la despierta del ensueño y la trae devuelta a su silla. -Señorita ¿se siente bien?- pregunta un hombrecito de sombrero gris. El sabe quien es ella pero ante la indiferencia que encuentra en su mirada mantiene el secreto y su orgullo. Maria se retira y jamás se vuelven a ver.

Haedo, Av. Guzman 134 Piso 4B- Mariano Moreno despertó hace una hora con una resaca insoportable. Vuelve del baño con un botiquín bajo el brazo y se tira en el sillón. El cuarto está casi a oscuras, una franjas de sol penetran por las rendijas de la persiana e invaden los muebles sucios con su silenciosa presencia.
Anoche lo habían echado de su banda, era un baterista fracasado, habían conseguido alguien mejor, lo sentían mucho, le dijeron. Después de que le dieran la noticia vació solitario una botella de gin barato tirado en la vereda del almacén. No recuerda como llegó a su casa.
Abrió el botiquín con una mano temblorosa, de adentro sacó un frasco y una jeringa cargada que apoyo a su lado. Suspiró con pesadez y tiró el bolsito al piso. Destapó el frasco con mayor facilidad de la que esperaba y sonrió ante la ironía, siempre había recurrido a ayuda ajena para abrir frascos. Miró a su alrededor en busca de un vaso de agua, una botella de whisky o cualquier cosa para tomar pero no encontró nada. Observó el frasco abierto y de un saque tragó cuantas pastillas pudo. Una cuantas. El resto las dejo a un lado y agarró la jeringa. Sin preparación alguna se clavó la aguja en la vena de su brazo izquierdo e inyectó el líquido en su cuerpo. Cerró los ojos y dejó caer la cabeza hacia atras sobre el respaldo del sofá. Sintió que se hundía y levitaba a la misma vez. Sintió que se encojía y que crecía hasta llenar la habitación entera. Se sintió querido, empapado en gritos y aplausos. Abrió los ojos y vió una mancha de humedad en el techo. Luego ya no sintío nada.

moraleja: If you're down on your luck and life ain't worth a dime, find a girl with far away eyes.