viernes, octubre 27, 2006

Sorry Tito

El rey se aflojaba sentado en su trono. Se enteraba de lo que venía sucediendo en el mundo a través del periódico que leía todas las mañanas, relajado en su trono de marfil. Se informaba de todas las cosas “importantes” que sucedían. Sin embargo en este frágil montón de papeles no decía nada sobre como hacer reír a su hijo, que seguramente lo odiaba hasta la médula, tampoco decía nada sobre mantener el amor apasionado que alguna vez sintió por su esposa y que ahora se iba desvaneciendo como una triste vela a la madrugada. No, esas cosas no tenían importancia alguna. Y mientras comprimía cada músculo de su cuerpo y oía el chapotear de un amigo que se despedía, pensaba; sin ningún esfuerzo no se logra una mierda en esta vida.

jueves, octubre 12, 2006

La Contrarreforma De Tu Hermana

Un martes cualquiera vas a ver, hasta las nubes van a arder. Un día tu hermana se va a levantar a la hora de la gota rebalsada y el suelo va a temblar en anticipación. Se va a calzar sus botas de cuero de búfalo asado y va a bajar hasta la plaza principal caminado con el peso de una decisión fulminante, pisoteando el asfalto hueco que palpitará como un tambor de lo mas lúgubre. Pum, Pum, Pum. En la plaza se reunirán todas las hermanas revolucionarias, un martes cualquiera, y se hará la repartición de tareas. Armas en mano embestirán contra el gobierno y la iglesia católica y las centrales de televisión y los zoológicos y las escuelas privadas y los centros comerciales y la iglesia católica de nuevo, porque nunca se puede estar demasiado seguro. Un martes cualquiera todas las hermanas del mundo beberán una botella matutina de güisqui y con pezones punzantes saldrán a matar. La sangre va a correr una vez mas río abajo y los salmones la llevarán chorreando por sus escamas río arriba también. Nadie que no tenga que sobrevivir lo hará. El día de las hermanas. Un martes cualquiera. Vas a ver.

jueves, septiembre 21, 2006

Ay Quiroga ###

Nunca jamás uno debe admitir que anda con tiempo de sobra en las manos. Nunca. Jamás. El tiempo es mas valioso que el oro, cualquiera podría intentar usurparle este tiempo, de pura envidia. Ah si como no, ¿pensabas practicar un poco de aeromodelismo el domingo? Porque no me adelantas los documentos para la transferencia del martes, y ¡Zaz!, el tiempo tan minuciosamente cultivado se ha escapado como pedo de vieja.
Quiroga esto lo sabía a la perfección, así que llegado el viernes a la tarde en la oficina de asuntos exteriores del country club Fencer McGraw, ya estaba planeando como disfrutar de su tiempo y que nadie se lo pudiera robar. Trabajaría hasta el último segundo como una abeja.
Aprovecho este momento para abrir un paréntesis. Cuenta la leyenda que las abejas alguna vez fueron tigres que hicieron alarde sobre la vasta cantidad de tiempo que poseían para rascarse y lamerse las partes, a estos tigres se los cortó en miles de pedacitos y a cada pedacito se lo dotó de minuciosas alas y así y todo, cada pedacito fue condenado a trabajar infinitamente. Es por eso que los únicos tigres que aún sobreviven, laburan en los zoológicos o modelan para las cajas de zucaritas. Cierro paréntesis.
Como todos sabemos a las seis de la tarde se abren los portones al fin de semana. Con un silencio y un leve crujir de los huesos Quiroga se despediría de su jefe y caminaría cargado con la mayor cantidad de papeles posibles hasta el ascensor. Si por una cruel casualidad su jefe decidiera intrometerse en su recorrido y preguntarle sobre posibles planes venideros, Quiroga le diría que su madre venía planeando hace largo rato su funeral para este sábado y que el domingo debía hacer de réferi en una partida de bádminton en el mundial de Australia. Usted sabrá entender Señor, además mire la cantidad de papeles que llevo en la mano. Tiene razón Quiroga, esa es una admirable cantidad de papeles que lleva en la mano. Así es como se daría la situación.
Una vez en el pasillo evitaría si es posible el ascensor, y bajaría directamente por las escaleras, talvez alcanzaría con mover su cabeza violentamente de un lado para el otro ante la presencia de otros oficinistas. Afuera del edificio sacaría su celular del bolsillo y lo llevaría hasta diez centímetros de su rostro. Posición que mantendría durante las siete cuadras que debería caminar hasta su casa. Un celular es un aparatejo tecnológico que sirve como calculadora, apoya papeles, objeto contundente para defensa personal, jugar al tetris, mascota, agenda, computadora, televisor, radio, reproductor de música, de películas, de cáncer de lengua y de testículos. Pero sobre todo es genial para evitar toda comunicación con personas circundantes.
Llegado a su casa Quiroga cerraría todas las puertas, ventanas y persianas con llaves y candados, desconectaría los teléfonos, clausaría las tapas de los retretes, daría vuelta todas las fotos y cuadros, correría hasta su habitación, se encerraría en su armario, se arrodillaría en el suelo, cerraría sus ojos (uno siempre está aún mas escondido con los ojos cerrados), y últimamente sacaría su húmeda lengua al aire fresco, para poder de esta manera, saborear cada instante de su tiempo libre.

viernes, agosto 25, 2006

Ay Dolores

Imagine usted la perplejidad de Quiroga al despertar con malestares estomacales. Imagine usted la perplejidad de alguien que nunca ha sentido tal cosa, y menos aún a esas horas de la mañana, ridículo. En un principio pensó que podría ser a causa de un pequeño rinoceronte creciendo dentro suyo. Pero pronto la idea fue descartada ya que los rinocerontes viven en el continente africano. Un rinoceronte pastando las plazas porteñas era una idea, por lo menos, descabellada.
Luego se le ocurrió que podrían haber sido los canapés de atún. Los canapés son unos pequeños alimentos secos y pastosos que se ingieren de pie en reuniones sociales de alta alcurnia, estos se cogen con los dedos y se mastican de a poco mientras se discute sobre política o mientras uno pantarruchéa sobre sus últimos éxitos laborales. Pero esta idea también fue arrojada al olvido secamente ya que Quiroga jamás había probado un canapé en su vida.
Mientras Quiroga se ponía de pie y descartaba sus piyamas con manos temblorosas, una tercera idea invadió su mente. ¿No podrían ser estos dolores frutos de su imaginación, como lo eran los mangos y los kiwis? Largo rato estuvo el mascullando esta última idea e incluso hasta después de haberse atado los cordones pero no consiguió refutarla. De todos modos decidió consultar un médico esa misma tarde, sin falta.
El Dr. Rodrigo, de apellido, supo casi de enseguida cual era el problema con Quiroga, era un caso que se estaba repitiendo seguido en gente de su generación. La generación del liquid paper. Dentro de su estomago, Quiroga estaba formando lo que los médicos están llamando; Un Sol, que es nada mas y nada menos que una pequeña bola de gases. El Dr. Rodrigo le recetó unas buenas flatulencias antes del desayuno y una buena dosis luego de pasear al perro. Eso iba a mantener las cosas bajo control. Quiroga le explicó que no tenía perro ya que vivía en un mono ambiente, pero el Doctor fue muy claro con esto, debía de cambiar al mono por un perro inmediatamente. Si es que quería sobrevivir claro.

jueves, agosto 10, 2006

Un rato en la vida de Fernando

El tiempo que he soñado
¡Cuantos años fue de mi vida!
¡Ah, cuánto de mi pasado
Fue solo vida mentida
De un futuro imaginado!


Solté la lapicera con un suspiro pesado. Apoyando ambas manos sobre el escritorio, me empujé hacia atrás chillando las patas de la silla contra el suelo. Crucé una pierna sobre la otra pero rápidamente me arrepentí y me puse de pie. Caminé hasta la ventana y miré hacia afuera. El sol todavía estaba alto en el cielo. Tenía mucho tiempo en mis manos pero no tenía realmente ganas de hacer nada. Sabía que tendría que hacer algo por todo eso de no desperdiciar el tiempo y que la vida es una y hay que salir a vivirla, pero que ganas de tirarme al piso a mirar el techo toda la tarde. Cuantos sueños había pintado en ese techo, cuantos universos recorridos.

Pero no, estábamos en 1928, Lisboa era una ciudad despierta y abierta al mundo, tenía que salir a hacer algo. Descolgué mi saco de la pared, fui hasta la puerta mientras me lo vestía, abrí la puerta, me di vuelta, me despedí del suelo y del techo y bajé hacia la calle.

Miré para un lado y después al otro. Me decidí por el primero y me eché a andar. Una brisa fresca me golpeó la cara, la sentí pasar entre mis bigotes como lo haría entre las ramas de un Pino y me felicité por haber tomado el coraje de salir a dar una vuelta. Solo con haber sentido ese viento, solo con haber escuchado su susurro contra mis oídos valió la pena haber salido.

Estaba tan feliz conmigo mismo que decidí fumarme un cigarrillo. Busque en los bolsillos del saco y del pantalón pero los encontré vacíos. Me había olvidado el tabaco en casa. Seguí caminando, pero ya no sonreía. Sin la compañía de un cigarrillo tibio y encima de bolsillos vacíos; sentí como la soledad se me trepaba por la espalda y se me colgaba del cuello. Me frené sobre mis pasos, crucé la calle y me metí en la tabaquería.

Tabaquería <--------

martes, agosto 08, 2006

Volví

creo que volví
parte de mi ha de haber quedado atrás
al menos así lo siento
como la cola despedazada de una lagartija
algo de mi ha quedado allá
sobre alguna roca, a la sombra de un cardón
parte de mi, todavía puede escuchar el río
bajando apurado sobre las piedras
parte de mi, todavía puede ver
lo que es un cielo estrellado de verdad
parte de mi, sabe que la tierra es madre
y dueña de todos los colores del carnaval
parte de mi, anda como el viento
parte de mi, aún ama la vida



viernes, mayo 19, 2006

Redonda

Era una noche fresca sobre el lago Titikaka. El sol ya enterrado, terminada su guardia. La luna se había trepado al cielo lentamente como una gorda y pálida señora de la alta burguesía. Redonda. Sobre el agua oscura del lago reflejaba la luna un largo camino de marfil hasta la orilla.

Carlitos vagaba por ahí. Tres cosas se oían y nada mas; las piedras bajo sus pies descalzos, el leve ir y venir del agua sobre la orilla y el ronquido desesperado de su propio estomago. Hace tres días que no probaba siquiera una miga de pan. Lo que daría en ese momento por un pan duro y verde de hongos. Pero nada. Hace un par de horas que había entrado en un estado semi-alucinatorio. La tierra olía a chocolate, las casitas de adobe parecían de flan y por poco le había tirado un mordiscazo a una niña que había cruzado su camino en bicicleta hacia un rato. Sin más fuerzas para continuar, Carlitos había caído sobre las piedras a la orilla del lago.

Titikaka ¿A quien se le ocurre? Apenas hay comida para los locales, este no es lugar para un vagabundo. Lentamente se llevó una piedra a la boca. No sabía nada mal. No logró morderla ni tragarla. La escupió. Giró un poco hasta estar mirando hacia el lago. Ahí estaba la luna, gorda. Redonda.

Juntó fuerzas y ayudándose con las manos se puso de pie. Tambaleando se acercó hasta el lago. Sintió el frío mojado del agua en los pies. Se arremangó la camisa hasta la altura de los codos. Concentrado se agachó y se aferró con fuerza al reflejo blanco de la luna. Con un poco de esfuerzo logro levantarla y separarla del agua misma. Echando su cuerpo levemente hacia atrás comenzó a tirar del reflejo como si fuese una soga gruesa, talvez un fideo gigante. Carlitos veía la luna comenzar a descender en la oscuridad y se le hacía agua la boca. Siguió tirando. La luna llegó al horizonte y se zambulló al agua como una albóndiga en su salsa. Siguió tirando. La luna se acercaba flotando e iba dejando dos surcos por detrás. Avanzaba pausadamente con cada tirón.

Con sus últimas energías sacó la luna del agua, su reflejo enredado en un pilón sobre las piedras. Levantó la bola resplandeciente entre sus manos. Estaba tibia y tenía el tamaño de una pelota de fútbol. Se la llevó a la nariz e inhaló profundamente. Olía a pan caliente, queso fresco, carne asada, la sopa de la abuela, a chocolatada, a miel, a pimienta y también a mujer. Carlitos le dio un mordisco y después otro. Sentía como se deshacía en su boca y bajaba lentamente hasta su estomago. Como se iba hinchando de a poco con todos los sabores imaginables, un verdadero orgasmo gastronómico. Dando el último mordisco cayó de espaldas al suelo, una sonrisa dibujada en la cara. Pipón, pipón. Su panza se elevaba y le obstruía la vista del horizonte. Redonda. Sintió un movimiento extraño dentro suyo, algo que le subía hasta la boca. Con un fuerte eructo, más cercano al rugido de un león que al eructo humano, largo un polvo brillante volando por el aire. Llenando el cielo de estrellas.

sábado, abril 15, 2006

sobre la ruta 37

Morgan “Pitbull” McFly conducía su Corvette descapotable naranja por la ruta 37 tajando el desierto de Arizona. El sol castigaba desde lo alto del cielo. A su lado, en el asiento del acompañante, dos revólveres cargados. Recostado sobre el asiento trasero un puerco de noventa y cinco quilos con un moño violeta alrededor del cuello.
- No te impacientes Frank, ya casi estamos- le dijo al puerco por el espejo retrovisor.
- Vamos a recuperarla en un santiamén ya veras-
Frank dejó escapar un pedo con aroma a zanahoria y bosta a la vinagreta.
- Ese es mi muchacho-
A lo lejos, casi sobre el horizonte y un poco a la derecha, una mancha oscura se agrandaba en la tierra árida.

Detrás de una vieja capilla en el kilómetro doscientos cincuenta y seis de la ruta 37 estaba por casarse una joven pareja local. Sentados sobre sillas blancas de plástico había una veintena de familiares y amigos, entre todos los invitados sumaban una dentadura completa. La mujer daba el “sí” final y besaba a su nuevo marido entre los aplausos del público presente, cuando McFly interrumpía arremetiendo su automóvil a ciento veinte por hora contra los familiares que salían despedidos por el aire como palomas espantadas en la plaza. Morgan frenó su Corvette justo en frente de la pareja con una violenta coleada, agarró los revólveres y parándose sobre el asiento comenzó a disparar contra todo lo que se moviera. La esposa gritaba enloquecida con su blanco vestido teñido por la sangre de su ex-marido. El cura fue el último en caer, gimiendo detrás de una mesita donde se había escondido. McFly guardó sus armas y fue en busca de la jovenzuela, la cual cargó al hombro y tiró dentro del asiento del acompañante.
- Hasta luego soquetes- dirigió a los que ya eran y arrancó nuevamente hacia la ruta 37.
Frank masticaba un sombrero que había caído dentro del carro. Ella lloraba con furia mientras el viento jugaba con su cabello suelto.
- No te preocupes nena, ya pasó... aquel bastardo no te volverá a tocar-
Comenzó a llorar aún más fuerte.
- Está bien, está bien... no lo nombraremos mas-
McFly largó un escupitajo por el costado del carro.
- Ahora llegamos a casa, nos damos un buen baño caliente y nos relajamos un rato ¿no es cierto Frank?- dijo mirando por el espejo.
El porcino soltó el sombrero y gruñó dos veces.
- Ese es mi muchacho-
La señorita asomó la cara por detrás de sus pequeñas manos entre sollozos.
- ¿Que quieres de mi?- dijo ella.
- ¿Como que, que quiero de ti? Quiero que volvamos a ser como éramos antes, antes de el, antes de todo esto-
- Pe..pe..pe.. pero si nunca te he visto antes en mi vida-

McFly giró su cabeza y la observó detenidamente por primera vez. Retornó su mirada sobre la ruta. Luego la volvió a mirar, esta vez de reojo. Pisó el freno y el carro se detuvo bruscamente sobre la ruta.
- Bájate-
Ella se paró temblando y comenzó a pasar por sobre el costado del carro cuando Morgan le propinó un fuerte empujón en el trasero que la mandó volando sobre unos arbustos. El Corvette aceleró aullando sus llantas contra el asfalto levantando una nube de tierra roja.
- ¿Por qué no dijiste nada Frank? Apuesto que te parece muy gracioso-
El puerco tragó el último pedazo del sombrero y dejó escapar un ruidoso pedo.

viernes, abril 14, 2006

esto fue escrito en 1963. si, en mil novecientos sesenta y tres.

viernes, marzo 31, 2006

El Hijo del Viejo

El viejo barbudo esta ubicado junto a la ventana, parado delante de su canvas observando hacia fuera. Le da una larga pitada a su cigarro de marihuana y larga el humo después de contenerlo por unos segundos dentro de sus pulmones. Sonríe, no tiene una sola preocupación en el mundo. Ravi Shankar gira en el toca discos, el sonido de su citara sale por los parlantes y se desliza hipnóticamente por las paredes. Todo está en un agradable desorden.
Detrás suyo escucha abrirse la puerta de la habitación y se da vuelta para ver quien es. Su hijo Tomás de diecinueve años entra con la cabeza gacha y se acerca hacia el.
-Viejo tenemos que hablar-
-Estoy laburando ¿tiene que ser ahora?- le responde el padre señalando con su pincel.
-Si, es sumamente importante, sentémonos... ¿y podes apagar eso por favor?
El viejo deja el pincel de lado –Bueno, está bien- le da una última pitada a su cigarro y lo apaga en el cenicero. Ambos se dirigen hacia los sillones y toman asiento. Tomás respira preocupado.
-Bueno te escucho-
-Creo que no existe forma fácil de decirlo así que lo voy a largar y listo...papá, quiero estudiar derecho, voy a ser abogado-
El viejo se tira hacia atrás sobre el respaldo y se agarra fuertemente de los brazos del sillón, respira pesadamente sin decir nada, repitiendo la frase que acaba de escuchar para si mismo en su cabeza.
-No lo puedo creer- se muerde el labio –en realidad estaba esperando algo así de vos, siempre fuiste diferente al resto... cuando los otros chicos hacían Capoeira vos querías jugar al Rugby, me pareció raro pero lo dejé pasar claro me imagine que era solo un capricho... un capricho que pronto se transformó en un padrón, el club de matemática, la notebook para tu cumpleaños, las corbatas... ¿Pero ESTO? ¡Esta vez te fuiste al CARAJO!-
El viejo golpea la mesa con un puño cerrado. Tomás mantiene su postura y responde con gélida calma.
-Mi sueño es tener dinero y poder... como un buen padre me tendrías que entender y apoyar en cualquier decisión que tome-
-No voy a tener ningún abogado en esta casa, con la cantidad de profesiones respetables que hay para elegir... músico, actor de teatro, filosofía, letras, ¡siete artes tenias!-
El viejo quiebra y se larga a llorar - ...abogado...- se dice a si mismo entre lágrimas. – ¿¡Que hice para merecer esto!?-
Tomás cruza sus brazos y mantiene su cara de maletín. No larga una palabra.
El viejo se seca las lágrimas con la manga de su camisa mientras niega con la cabeza.
-Tomás, te voy a pedir que te vayas, y si nos vemos por la calle hacé como si no nos conociéramos-
El viejo se pone de pie y va hacia la ventana donde vuelve a encender su cigarro de marihuana. Tomas se dirige a la puerta.
-Ya vas a ver ¡HIPPIE INMUNDO!- pega un portazo violento y desaparece.
Ravi Shankar finaliza su concierto y la aguja del tocadiscos comienza a raspar el centro del disco, el viejo tiembla al lado de la ventana. Su mundo hecho trizas.

miércoles, marzo 08, 2006

Una Carta

Querida Betiana,
Hoy se cumplen dos años de mi llegada a esta remota isla flotando sobre la bilis misma de la madre tierra, setecientos y treinta días ya han pasado de trabajo inhumano en las plantaciones de quinoto para enriquecer a quien sabe que gordo pelotudo del otro lado del mundo. De luna a luna trabajé todos los santos días con machete en mano para que me paguen llegada la noche lo suficiente como para comprarme un mugriento vaso de whisky y un par de empanadas, para colmo sin aceitunas. Ya no puedo continuar de esta manera. Te escribo para contarte que esta será la última carta que recibirás de parte mía ya que estoy planeando escaparme de este lugar con un pequeño muchacho de Tucmandú con el que he hecho buenas migas. Por lo tanto estaré finalmente volviendo a casa, sea a pie o dentro de un cajón. Me alegra mucho saber que nuestro pequeño Jimmy ya ha iniciado la escuela, sobre su tendencia a jugar con las muñecas no creo que debamos preocuparnos demasiado, seguramente es solo una fase y pronto la superará. Debo partir, ya esta casi amaneciendo.
Hasta pronto, te ama profundamente
Alberto Carlos

Un Instante

Siento como se revuelve en la cama a mis espaldas. Un leve tirón de las sábanas, un golpe ahogado en el colchón, un ronroneo casi felino y luego se queda quieta, probablemente segura de haber encontrado la posición mas cómoda posible. Lentamente giro sobre mi cuerpo en dirección suya y nuestros ojos se encuentran en la oscuridad. No nos decimos nada, no hace falta, respiramos el mismo aire.

lunes, enero 09, 2006

hasta luego

este blog quedará temporalmente fuera de servicio. me voy lejos por tiempo indefinido y espero no tener que acercarme a uno de estos aparatos en ningún momento.

it feels good to break a rule now and then

dejo un texto de cortázar para las muchachas.

Toco tu boca, con un dedo todo el borde de tu boca, voy dibujándola como si saliera de mi mano, como si por primera vez tu boca se entreabriera, y me basta cerrar los ojos para deshacerlo todo y recomenzar, hago nacer cada vez la boca que deseo, la boca que mi mano elige y te dibuja en la cara, una boca elegida entre todas, con soberana libertad elegida por mí para dibujarla con mi mano en tu cara, y que por un azar que no busco comprender coincide exactamente con tu boca que sonríe por debajo de la que mi mano te dibuja.
Me miras, de cerca me miras, cada vez más de cerca y entonces jugamos al cíclope, nos miramos cada vez más cerca y los ojos se agrandan, se acercan entre sí, se superponen y los cíclopes se miran, respirando confundidos, las bocas se encuentran y luchan tibiamente, mordiéndose con los labios, apoyando apenas la lengua en los dientes, jugando en sus recintos, donde un aire pesado va y viene con un perfume viejo y un silencio. Entonces mis manos buscan hundirse en tu pelo, acariciar lentamente la profundidad de tu pelo mientras nos besamos como si tuviéramos la boca llena de flores o de peces, de movimientos vivos, de fragancia oscura. Y si nos mordemos el dolor es dulce, y si nos ahogamos en un breve y terrible absorber simultáneo del aliento, esa instantánea muerte es bella. Y hay una sola saliva y un solo sabor a fruta madura, y yo te siento temblar contra mí como una luna en el agua.
Rayuela, séptimo capítulo

lunes, enero 02, 2006

las cosas como son

Soy Dios. Pero ojo, no me la creo eh, soy un tipo humilde... no me creo mejor que nadie. Me sigo viendo con los pibes de siempre y tengo bien en claro de donde salí, nunca dejé que la fama se me subiera a la cabeza. Hoy en día estoy mucho mas tranquilo... me ocupo mas que nada de asuntos terrenales así como ir al almacén a hacer las compras, juntarnos con los muchachos a jugar al fútbol, visitar a los viejos al menos una vez a la semana... el mundo se lo dejé en manos a ustedes, la verdad que ya me tenían las pelotas llenas para serles sinceros, eso de omnipresente es un poco exagerado... y las cagadas suyas hace ya varios siglos que se vienen multiplicando en cantidad y tamaño. Ustedes se creen Yo, buscan ponerse por encima del resto, se mandan una cagada de la putísima madre y se vienen todos corriendo a llorarme y pedir ayuda. Este laburo me lo banqué por más tiempo del que se puedan imaginar. Hasta que decidí tomarme unas vacaciones de tiempo indefinido y de paso les cedo la bola a ustedes a ver si a la fuerza se dan cuenta un poquito que esto no es joda. Si no se cuidan ustedes y no cuidan al mundo... bueno ya vieron las cosas que pueden suceder. Espero que este año que pasó les sirva de ejemplo y empiecen a revertir la situación que les cuento estuve así como pispiando un poco, cuesta sacarse las viejas costumbres, viene bastante en picada... así como cayendo de un barranco les diría. Bueno los dejo que me estoy yendo una semanita a mar de ajó con mi novia y me está tocando la bocina hace dos minutos. Les desea un feliz año, Dios.