sábado, marzo 31, 2007

Muerte Roja

El teléfono sonó por sexta vez cuando Muerte Roja se levantó de la cama y atendió llevándose perezosamente el auricular al oído. La rimbombante voz de un adolescente intentaba venderle un seguro de vida. Muerte Roja gruñó y le colgó el teléfono cortantemente.
Ante la atónita mirada de sus compañeros de trabajo, Juan Pérez caía muerto sobre un charco de su propia sangre, desangrado por la oreja derecha, dentro de su cubículo, al fondo de un piso de oficinas en pleno micro centro.