viernes, marzo 31, 2006

El Hijo del Viejo

El viejo barbudo esta ubicado junto a la ventana, parado delante de su canvas observando hacia fuera. Le da una larga pitada a su cigarro de marihuana y larga el humo después de contenerlo por unos segundos dentro de sus pulmones. Sonríe, no tiene una sola preocupación en el mundo. Ravi Shankar gira en el toca discos, el sonido de su citara sale por los parlantes y se desliza hipnóticamente por las paredes. Todo está en un agradable desorden.
Detrás suyo escucha abrirse la puerta de la habitación y se da vuelta para ver quien es. Su hijo Tomás de diecinueve años entra con la cabeza gacha y se acerca hacia el.
-Viejo tenemos que hablar-
-Estoy laburando ¿tiene que ser ahora?- le responde el padre señalando con su pincel.
-Si, es sumamente importante, sentémonos... ¿y podes apagar eso por favor?
El viejo deja el pincel de lado –Bueno, está bien- le da una última pitada a su cigarro y lo apaga en el cenicero. Ambos se dirigen hacia los sillones y toman asiento. Tomás respira preocupado.
-Bueno te escucho-
-Creo que no existe forma fácil de decirlo así que lo voy a largar y listo...papá, quiero estudiar derecho, voy a ser abogado-
El viejo se tira hacia atrás sobre el respaldo y se agarra fuertemente de los brazos del sillón, respira pesadamente sin decir nada, repitiendo la frase que acaba de escuchar para si mismo en su cabeza.
-No lo puedo creer- se muerde el labio –en realidad estaba esperando algo así de vos, siempre fuiste diferente al resto... cuando los otros chicos hacían Capoeira vos querías jugar al Rugby, me pareció raro pero lo dejé pasar claro me imagine que era solo un capricho... un capricho que pronto se transformó en un padrón, el club de matemática, la notebook para tu cumpleaños, las corbatas... ¿Pero ESTO? ¡Esta vez te fuiste al CARAJO!-
El viejo golpea la mesa con un puño cerrado. Tomás mantiene su postura y responde con gélida calma.
-Mi sueño es tener dinero y poder... como un buen padre me tendrías que entender y apoyar en cualquier decisión que tome-
-No voy a tener ningún abogado en esta casa, con la cantidad de profesiones respetables que hay para elegir... músico, actor de teatro, filosofía, letras, ¡siete artes tenias!-
El viejo quiebra y se larga a llorar - ...abogado...- se dice a si mismo entre lágrimas. – ¿¡Que hice para merecer esto!?-
Tomás cruza sus brazos y mantiene su cara de maletín. No larga una palabra.
El viejo se seca las lágrimas con la manga de su camisa mientras niega con la cabeza.
-Tomás, te voy a pedir que te vayas, y si nos vemos por la calle hacé como si no nos conociéramos-
El viejo se pone de pie y va hacia la ventana donde vuelve a encender su cigarro de marihuana. Tomas se dirige a la puerta.
-Ya vas a ver ¡HIPPIE INMUNDO!- pega un portazo violento y desaparece.
Ravi Shankar finaliza su concierto y la aguja del tocadiscos comienza a raspar el centro del disco, el viejo tiembla al lado de la ventana. Su mundo hecho trizas.

miércoles, marzo 08, 2006

Una Carta

Querida Betiana,
Hoy se cumplen dos años de mi llegada a esta remota isla flotando sobre la bilis misma de la madre tierra, setecientos y treinta días ya han pasado de trabajo inhumano en las plantaciones de quinoto para enriquecer a quien sabe que gordo pelotudo del otro lado del mundo. De luna a luna trabajé todos los santos días con machete en mano para que me paguen llegada la noche lo suficiente como para comprarme un mugriento vaso de whisky y un par de empanadas, para colmo sin aceitunas. Ya no puedo continuar de esta manera. Te escribo para contarte que esta será la última carta que recibirás de parte mía ya que estoy planeando escaparme de este lugar con un pequeño muchacho de Tucmandú con el que he hecho buenas migas. Por lo tanto estaré finalmente volviendo a casa, sea a pie o dentro de un cajón. Me alegra mucho saber que nuestro pequeño Jimmy ya ha iniciado la escuela, sobre su tendencia a jugar con las muñecas no creo que debamos preocuparnos demasiado, seguramente es solo una fase y pronto la superará. Debo partir, ya esta casi amaneciendo.
Hasta pronto, te ama profundamente
Alberto Carlos

Un Instante

Siento como se revuelve en la cama a mis espaldas. Un leve tirón de las sábanas, un golpe ahogado en el colchón, un ronroneo casi felino y luego se queda quieta, probablemente segura de haber encontrado la posición mas cómoda posible. Lentamente giro sobre mi cuerpo en dirección suya y nuestros ojos se encuentran en la oscuridad. No nos decimos nada, no hace falta, respiramos el mismo aire.