miércoles, junio 27, 2007

Nada

Nos encontramos en la mitad de un invierno húmedo en la ciudad de Buenos Aires. Ciertas personas madrugan más que las otras, Pepe se encuentra abriendo su puesto de diarios y acomodando todo en su lugar. Todavía queda largo rato para que se asome el sol. Pepe tiembla, pero no es por el frió, hoy siente que le pica algo por dentro pero no sabe donde rascarse. Va y vuelve sobre sus pasos bajo la luz blanca que ilumina su puesto.

¿Por qué ser una cosa cuando puedo ser nada? Aflojar los barrotes de esta jaula que me nombra y me posiciona. Que bueno sería nadar en la nada más absoluta de la circunstancialidad. Mientras menos cosas sea más libre me he de sentir. Que me golpee solo el tiempo, con sus pesados tics y tacs, de los que nadie puede escapar.
No quiero ser ni argentino ni bostero ni peronista, todo esto ya me queda chico y me tira para abajo, como correr cuando uno lleva puesto ropa mojada.
Desde la cima de las montañas de la libertad gritaré mis sueños hacia los cuatro vientos, pues mañana no se que camino tomaré.
Desde hoy seré únicamente una persona, habitante de este mundo, lamentablemente atado al tiempo, al tiempo y nada más.


Un cliente se acerca, lo reconoce, es Julián de acá a la vuelta. Pepe agarra y acomoda el diario Clarín y una revista para hombres que él suele comprarle.

Julian: ¿Como estas Pepe?

Pepe: Lamentablemente atado al tiempo, al tiempo y nada más.

Julian: (Mirando hacia el cielo) Uh, si, se viene una tormeeenta. ¿Me anotas esto? Nos vemos, cuidate!

Julian se aleja apurado. Pepe se sienta en su banquito dentro del puesto.

Talvez en la muerte dejemos de ser tiempo, talvez no, de todas maneras prefiero no averiguarlo todavía.

Sus ojos se apoyan sobre un pilón de revistas con muchachas que le hacen frente al invierno porteño con su piel como único abrigo.

Que buen ojete.

1 comentario:

Mateo dijo...

ME saliò la fanta por la nariz. Muy bueno